No tengas miedo
-Habrá que utilizarlo.- Me dijo con un tono bastante sexy, se acerco a mí y me besó en la comisura de los labios.
-Tiempo al tiempo.-
-Sí, sí, yo no te doy prisa.- Me volvió a besar.
-Anda, tira, que si te has dado cuenta se acaba de abrir la puerta.-
Estabamos a punto de salir, cuando me frené en seco.
-Lucas... y si estan... los paparazzi.-
-Mira llevo esquivandolos más de 2 años. Sales tú y luego a los 10 minutos salgo yo.-
-¿Donde te espero?-
-Eh... tú vas por la derecha y yo por la izquierda, y nos encontramos por la calle de atras.-
-Vale.- Le besé por última vez. -Te echaré de menos.-
-Y yo.- Me respondió antes de yo salir.
Estube esperando apoyando a una pared unos minutos, y sí habían dos paparazzi salí con gafas así que no creo que me reconocieran, ademas no me conocen tanto como a Lucas.
Miraba a todos los lados, diez minutos. Trece. Veinte. Y por fin aparecío con el coche, me miró y me guiñó el ojo, yo reaccioné y deje la maleta en la parte de atrás y me subí en el coche.
-He tardado un poco porque había dos paparazzi y empezaron a preguntar después aparecieron tres reporteros y empezaron a seguirme y los tuve que esquivar.-
-Tranquilo, cariño.- Le di un beso en la mejilla.
-Ahora vamos a mi casa, para coger un par de cosas.-
-¿Habrá reporteros o paparazzi?-
-No creo, de todas maneras damos una vuelta con el coche y vemos.-
-¿Y este es tu día día?- Le pregunté riendome.
-No, no es así, la verdad no me importa que me saquen fotos o me hagan preguntas, hasta veces me rio, es que hacen unas preguntas, una ves que estaba con mi perro, me preguntaron que como estaba mi... perro.- Yo solté un carcajada. -Y me aguanté la risa hasta llegar a casa, mi madre ya no saben ni que preguntar.-
-Cuando se salen del guión la cagan con esas preguntas.-
-Sí. Por cierto ya estamos.- Yo miré a todos lados. -Y no hay paparazzi.- Añadió él.
-Menos mal.-
Lucas aparcó y nos bajamos del coche, él me agarro de la mano y yo le sonreí. Fuimos hasta su casa, un duplex, tenía un jardín precioso y muy bien cuidado y tras la verja su perro ladrando eufórico por volver a su dueño. El pastor alemán se avalanzó sobre Lucas que ya había abierto la vaya.
-¿Qué pasa, chiquitín?- Le dijo mientras jugaba con el.
-¿Cómo se llama?- Le pregunté sonriendo por ver a Lucas jugar con el perro.
-Se llama flufy.-
Yo solté una carcajada. -¿Flufy? Pero eso es nombre para un perro pequeño.-
-Pues a mi me gusta, y a este tambien.-
Dejó de jugar con el perro y abrió la puerta de su casa.
-Me encanta el color de tu casa ¿Lo elegiste tú?-
-Sí, me encanta el azul, y parece que al final quedó bien, pasa.-
Entré en la casa, el salón era enorme, los muebles de color blanco contrastaban muy bien con el color azul celeste de las paredes, era una casa de revista, perfecta, muy poco común, y estaba cuidado hasta el más mínimo detalle.
-Mi madre... ¡Que casa!- Le dije totalmente sorprendida.
-¿Enserio te gusta?- Preguntó agarrandome por la cintura muy cerca de mi cara.
-¡Quita! Que no veo la casa.- Le dije empujandolo hacia la derecha.
-Vale, vale, ahora no te invito a la piscina.- Dijo haciendose el enfadado.
-¿Piscina? Ven aquí cariño.- Me avalance sobre él. -¿Cómo que no me invitas?- Le besé.
-No, has herido mis sentimientos.- Él se separó de mí. -Y dejando de lado este momento, tenemos prisa, por lo tanto, mira o has lo que quieras, mientras yo hago la maleta.-
-Pero... ¿Me invitas a la piscina?- Dije poniendo morritos.
-Que siii, cariño.- Me besó y fue a la parte alta.
-¡¿Y no me piensas enseñar la casa?!- Le grité desde el salón.
-Ehh... sí, después.- Me gritó él.
Estube observando las fotos, que tenía encima de una pequeña mesa de cristal, él con sus padres, cuando terminó la carrera de periodismo, con toda la familia. Lucas vino despasio y sigilosamente por mi espalda, y mientras yo estaba inudada en mis pensamientos y centrada en las fotos, vino él por detrás y me dió media vuelta quedando a unos milímetros, a unos absurdos milímetros, que no duraron mucho, ya que nos fundimos en un apasionado beso del que no nos separamos muy facilmente, los dos queríamos seguir, pero los minutos pasaban... esa medida de tiempo que a mí me personalmente no me gusta nada, los buenos momentos los destruye en un "mierda, llego tarde" que casi siempre acaban así.
-Va, Patri vamos, que te enseño la casa y nos vamos.- Me dijo separandose de mí.
-¡Venga! Pues empieza.- Dije sonriendo.
Lucas me cogió la mano, y me llevó hasta la cocina, una cocina enorme, donde cocinar eternamente, sí, no sé cocinar, lo sé, pero me encanta estar en la cocina aunque mi comida no sea muy buena, yo la hago con mucho amor, que eso siempre queda bien cuando le doy mi asquerosa comida a Berta.
-Y como ves esta es la cocina.-
-Ay! Lo que me voy a divertir yo cocinando.-
-No, no, no, no, tú no vas a cocinar nada, que después yo soy el que se lo tiene que comer.- Él se rió.
-Oh! Pero si mi comida es muy buena, la mejor de España, te sorprendería.-
-Que sí, cariño, que yo te compro la comida ya hecha y así sí que será la mejor de España.- Me besó en la mejilla. -Venga seguimos.-
Él iba detrás de mí agarrandome de la cintura, dirigiendome hacia donde ir, entramos en el baño, me lo imaginaba todo tirado, pero no era así, estaba todo recogido. Un enorme espejo al fondo de baño y debajo un jacuzzi. Yo le miré sorprendida y él me sorió.
-Habrá que probarlo ¿No?- Le pregunté.
-Contigo pruebo hasta una máquina de tortura.- Nos reimos.
Me dió media vuelta y seguimos viendo la casa, esta vez subimos a la parte alta, unas 4 habitaciones, sin nadie, esa casa me hubiera deprimido hasta a mí, una casa enorme, llena de lujo, sí, pero... sin nadie, sin nadie que te diga buenas noches, buenos días. Entramos en su habitación, preciosa, perfecta. Me quedé sin palabras, y eso es muy raro en mí.
-¿Te gusta? Todo lo he elegido yo.-
-Es preciosa...-
-Va, tonterías, nadie podrá superar tu belleza.- Yo le miré y le sonreí.
-Bueno ya no podemos ir.-
-No sin antes probar la cama.- Me cogió en peso y me tiró en la cama, yo me empecé a reir.
-Eres muy tonto.- Le dije entre risas.
-Y tú eres muy guapa.-
-¿A qué viene eso?-
Se puso encima de mí y me empezó a besar. -No sé, tú dices algo malo de mí y yo algo bueno de ti, ¿No funciona así?-
-Ves, lo que yo decía eres muy tonto.- Empezó a besarme por el cuello.
-Para... po favor.- Le pedí.
Él se separó de mi. -Venga vamos...- Dijo levantadose.
-Sí...- Dije yo tambien levantandome.
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