No tengas miedo
Salí contenta, con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Qué pasa?- Me preguntó.
-Que me puedo bañar el la playa.-
Lucas me pasó un mano por mi cintura atrayendome hacia él.
-¿Entonces te puedo tirar?-
-Sí, pero tampoco seas muy bruto.-
-Tú sabes que yo nunca soy bruto.-
-Claro claro...-
Seguimos caminando hasta la farmacia más cercana, compramos la tobillera y volvimos al hotel.
En el hotel nos pusimos el bañador y bajamos a la playa.
Miré a Lucas y le sonreí, él me sonrió me cogió y salió corriendo hacia el agua.
Él se empezó a reir.
-Eres un tonto, te he dicho que no seas bruto.- Le dije dandole un golpe en el pecho.
-Ven aquí, guapa.- Me cogió de la mano y me atrajo hacia él.
Yo le abracé y rodeé mis piernas por su cintura.
-Eres guapísima.- Me dijo entre besos.
-Y tú perfecto...- Me quedé callada unos segundos. -Y... te quiero.- Él me sonrió.
-Y yo.-
Y así estuvimos toda la tarde, bañandonos tomando el sol...
-Patri!! Sal del agua!!- Gritó Lucas.
Yo salí extrañada. -¿Pasa algo?-
-Sientate.- Dijo dando palmaditas a la toalla.
Yo me senté. -¿Qué pasa?-
Él entrelazó sus manos con las mías. -Mira.- Dijo mirando ala puesta de sol.
Yo le miré y le sonreí. -Es preciosa.-
-No más que tú.-
Apoyé mi cabeza en su hombro.
Casi cuando el sol iba a desaparecer, miré a Lucas y le besé, fue un largo beso de esos que no quieres que terminen nunca.
-Te amo.- Me dijo al terminar el beso.
-Y yo.-
Pasaban los minutos, pero a su lado se convertian en segundos, jugabamos en la arena, rodando como niños, allí no había nadie y nos sentiamos libres. Tras unas horas allí era completamente de noche tan solo se veía la luna las estrellas y unas farolas al final de paseo. Estaba de pie con la ropa puesta y él sentado en el suelo, con una camisa y unas bermudas.
-Vamos Lucas.-
-Tú no te vas a ningún lado.- Me tiró del brazo y caí sobre él.
-Va... venga, vamos.- Él me besó por el cuello.
-No... quedate.-
Los besos empezaron a subir la intensidad, respiraciones agitadas. Nuestros cuerpos pedían más, mucho más, unirse hasta convertirse en uno solo.
-Lucas... para, para, que estamos en la playa.- Dije entre besos.
-Patri, quiero hacer una locura contigo.-
-Pero y si...- No logré terminar la frase, él ya me estaba besando.
Le quité la camisa, noté sus músculos, su perfecto torso, me quedé mirandolo unos segundos y seguí besandole. Él me quitó la camisa y empezó a besarme por el cuello, esos besos se convirtieron en pequeños mordiscos que me volvian loca.
Él tiró de las cintas del la parte de arriba de bikini, esta cayó al instante. Yo empecé a besarle por el cuello luego más a abajo, llegué a el ombligo. Le miré él me asintió, le desabroché el botón de las bermudas y luego tiré de la cinta, yo volví a subir a su boca, mientras él se bajaba las bermudas, luego me empezó a bajar mis shorts, después la parte de abajo del bikini. Cuando nos quedamos completamente desnudos me dí cuenta de que fataba...
-¡¡Un condón!!- Le dije separandome de él.
-Ostia... espera.- Cogió sus bermudas y empezo a abrir los bolsillos. -Mierda... ¿En los tuyos?- Le negué con la cabeza. -Bueno... pues a ver quien le dice a este que se relaje.- Dijo a su... bueno a su cosa...
Solté una carcajada. -Espera... el regalo de la tita Berta esta en el bolsillo de atras de mi pantalón.
Lucas cogió el condón... y bueno... ya sabeís... gemidos, respiraciones alteradas, suplicas por seguir, besos y más besos, miradas, siempre, siempre nos mirabamos a los ojos, sonrisas. Nuestros cuerpos convirtiendose en uno.
Terminamos y nos tumbamos boca arriba mirando las estrellas, con nuestras manos entrelazadas.
-Te amo.- Le dije sin pensar.
-Y yo.- Me miró y me besó.
-Lucas.-
-¿Qué?-
-¿Siempre vas a estar a mi lado?-
-Te prometo que estaré a tu lado siempre, aunque tenga que ir hasta al fin del mundo.- Yo le miré y le sonreí.
Estubimos callados. Las olas de fondo, las estrellas, la luna, él... Todo era perfecto.
-¿Siempre me vas llevar a sitios tan mágicos?-
-No serían tan mágicos si tú no estubieras. Quiero compartir todo contigo.-
Nos callamos. Yo empecé a tener frío, me empecé a pasar la mano varias veces por mi brazo, él me vió y me abrazó. Al parecer sí, podía ser más perfecto.
-Vamos, guapa, que empieza a hacer frío.- Se levantó y me tendió la mano con su peculiar sonrisa.
Me levanté con su ayuda y nos dispusimos a ir a el hotel, ibamos agarrados de la mano , de vez en cuando me miraba y sonreía.
-Te quiero.- Me dijo.
-Yo mucho más.- Le dije retandole.
-Te aseguro que no, que yo te queiro muchísimo más.-
-Y yo te aseguro que no, que yo te quiero mucho más.-
-Y si lo dejamos en un empate, cariño.-
-Buena idea.- Él me soltó la mano y la puso alredor de mi cintura atrayendome hacia él. Caminabamos juntos disfrutando del paseo.
-No quiero que se termine este momento nunca.- Dijo.
-Hombre... un rato más aguanto pero es que los pies me estan matando.- Él soltó una carcajada.
-Que tonta eres a veces.-
Y seguimos caminando hasta el hotel.
Ya en la habitación.
-¿Sabes que te amo?- Le pregunté.
-Lo sé.- Me besó. -¿Y tú sabes que yo tambien?-
-Sí, ¿Y sabes que hoy va a ser la primera noche juntos?-
-Lo sé, pero ya después de lo de la playa... está dificil superarlo.-
-¿Seguro?-
-Ah... sí.- Dijo poco convencido.
-Yo no lo creo.- Le dije pasandole el dedo lentamente por sus labios.
-Pues a llevarte la contraria no voy.- Me besó el dedo.
Seguidamente nos unimos en un profundo beso.
-No le digas a nadie que te quiero ¿Vale?- Le dije rodeando mis manos por su nuca.
-Y tú no le digas a nadie que eres lo mejor que me ha pasado ¿Trato hecho?- Sonrió.
-Trato hecho.- Le besé por última vez para ir a por mi pijama.
-Hey! ¿Pero donde vas?- Me dijo desconcertado por irme así sin más.
-No es por ti, es por mí y por mis horas de sueño.- Le dije saliendo del salón.
-¿Pero no vas a cenar? Te tenía una sorpresa.- Dijo haciendo que estaba triste. -Tienes un traje en la maleta.-
-Eso suena muy bien.- Cogí el traje que me puso él en la maleta. -Por cierto sabes muy bien elegir ropa, y gracias.- Le dije mientras le enseñaba el traje que me había comprado. -¿Cómo lo has hecho?-
-Bueno... me da un poco de verguenza decirlo... pero el cloroformo es muy bueno en estos casos.- Me reí. -Te lo había comprado y lo tenía en casa... y te lo iba a llevar pero claro me llamas después de dos días y salí tan rápido que ni me di cuenta.-
-Pues me voy a cambiar.-
-Yo igual.-
Me duché, me maquillé, me peiné y finalmente me puse el vestido. Era presioso, era un poco más arriba de la rodilla, de color negro, la espalda descubierta, la manga derecha más larga que la izquierda y me quedaba genial. ¿Cómo lo puede hacer? ¿Cómo puede ser tan perfecto?
-Vamos cariño.- Me gritó desde el salón.
-Ya salgo.-
Tardé unos minutos más y finalmente salí con una amplia sonrisa en la boca.
-¡Dios dejame ser inmortal con ella, quiero poder ver su belleza cada día!- Dijo cuando me vió.
-Anda tira.-
-¿Alguna vez te he dicho que te quiero? ¿Qué eres la persona más maravillosa del mundo?-
-No sé... mmm... creo que no nunca me lo has dicho.- Me reí.
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