Este contenido es ficción, no es real!!
No tengas miedo
-Que... Gracias, por el masaje y por subirme la cremallera de vestido.- No me moví ni un milímetro, no podía, me atraía demasida como para separarme.
-No hay que darlas, princesa.- Se acercó a mí y juntó sus labios con los míos lentamente, entreabrimos la boca y nuestras lenguas jugaron, tímidas.
Nos separamos lentamente y nos sonreímos.
-Ahh... creo que llegamos un poco tarde al restaurante donde reservé.- Le dije.
-Eh... vamos...-
Él fue fuera mientras yo cogí mi móvil y la cartera. Salí y cerré la puerta.
-¿Por el ascensor?- Bromeó.
-Ehh... mejor no.- Me reí.
Bajamos las escaleras y salimos del portal luego fuimos hacia su coche.
Entramos el arrancó y con mis indicaciones llegamos al restaurante, aunque nos perdimos una vez.
Ángel salió, y mientras yo guardaba el móvil en el bolso, él vino a abrirme la puerta del coche.
-Gra... gracias.- Le sonreí y me devolvió la sonrisa.
Entramos dentro del establecimiento.
-Tenía una reserva a nombre de Patricia.-
-Eh... pasen, la mesa del fondo.-
-Muchas gracias.-
Fuimos a nuestra mesa y nos sentamos.
-Oye Ángel... que muchísimas gracias, por ayer llevarme a casa... bueno por todo.-
-No hay que darlas.-
-Y lo siento por la tardanza... es que... buff una larga historia.-
-Y yo como ves tengo mucho tiempo.-
Nos interrumpió el camarero.
-¿Qué van a tomar los señores?-
-¿Te parece bien este vino?- Le dije señalandole un vino que había tomado varias veces y me encantaba.
-Sí, sí.-
Después pedimos la comida y el camarero se fué con la misma cara de seta que vino.
-¿Has visto la cara de seta del camarero?- Me dijo Ángel como si hubiera leído mis pensamientos.
Me reí. -Te iba a decir eso.-
-Patricia céntrate la historia.- Me dijo pasando de su comentario anterior.
-Ah... sí, pues empecé a limpiar la casa, cuano me dí cuenta era la una y media, corrí a bañarme, entonces el cubo de la fregona se cayó, salí del baño y me resbalé, después me vestí, me peiné y me maquillé y cuando iba a salir de casa me caí y se me manchó el vestido, me cambié de vestido, después me tocó... un amigo.- ¿Un amigo? ¿En serio, Patricia?- Y por último me tocaste tú.-
-Eh... me he quedado en: "empecé a limpiar".-
Me reí. -Bueno... no ha sido mi mejor mañana, que digamos.-
Nos trajeron la comida y mientras comíamos hablabamos de chorradas que Ángel siempre acababa en una broma de la que yo le regalaba una sonrisa. En mitad de la comida me sonó el móvil, pensé que podría ser Lucas, pero de todas maneras lo cogí sin mirar.
-Disculpa, Ángel.-
Él me hizo un gesto para que saliera a hablar con tranquilidad.
-¿Si?- Dige cuando ya estaba fuera.
-Amiga.-
-¡Berta!- Grité ilusionada.
-Tía, ¿Te vienes a cenar esta noche a casa?-
-Bueno... tendré que suspender todos mis planes.-
Nos reimos. -Creo que tambien viene Ángel ¿No te importa?-
-Si tú supieras con quien estoy.-
-¡¡¡Cuentaaaa!!!- Gritó Berta, hasta me tuve que separar el móvil de la oreja.
-Estoy con Ángel, que lo invité a comer...-
-Espera, invitar ¿tú?-
-Sí, yo. Es que ayer salí me vió media pedo, encima había un baboso detrás mía, decidió traerme a casa y por mí culpa le despidieron.-
-A quien se le ocurre, ir sola de fiesta.-
-Berta te dejo que tengo a Ángel esperando dentro.-
-A las ocho en mi casa.-
-Sí, yo se lo digo a Ángel.-
Colgué y me quedé mirando a la nada. Mi corazón se disparó al notar las manos de alguien rodeando mi cintura.
-¿No te han dicho que es de mala educación dejar a el invitado comer solo, mientras la señorita esta mirando a la nada?- Me dijo en un susurro.
Yo giré la cabeza y me encontré a escazos centímetros de su boca.
-¿Y a ti a no venir por detrás sin hacer ruido y asustarme?-
Seguía rodeándome con sus manos.
-¿Entramos?- Él deslizó sus manos, rozando sutilmente mi mano, cosa que hizo que me pusiera nerviosa.
Me cogió por la cintura y me dirigió hacia la puerta.
-Era Berta, que iba a hacer una cena hoy.- Dije sentandome.
-Sí, me invitó pero no estoy muy seguro de ir.-
-¿Por qué? Lo pasaremos bien.-
-No lo sé...-
Al final lo convencí... y bueno comimos hablando de temas sin importancia y volvimos a casa.
Nos despedimos con dos besos y cada uno a su casa, antes de cerrar las puertas nos miramos y sonreimos avergonzados.
Me quité los zapatos y me tumbé en el sofá dejando el móvil en la pequeña mesa que tenía enfrente al sofá.
A los 2 minutos de estar sentada me llegó un mensaje.
"Te echo de menos. Un beso. Ángel." Tan detallista.
"Pero si solo han sido dos minutos lo que hemos estado separados, además parecemos una parejita. Un besoooo gigante (no como tú enano). Patricia"
"Hey! que no soy enano. Y sí te echo mucho de menos. Un beso muchísimo más grande. Ángel"
"Tú no puedes dar un beso tan grande! No ves que eres muy chiquitico. Patricia. PD: no te mando un beso, porque ya serían muchos besos y con lo poco que te gustan."
"No soy pequeño! Por cierto ya que hoy me invitastes a comer tú otro día me toca a mí, ¿Te apetece? Ángel. PD: si me los das tú no me importa cuantos me des."
No me contesté, no pude.
Me puse cómoda en el sofá miré la hora, las cuatro y media, apoyé la cabeza y allí me quedé dormida.
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